“No sé si deberia hacer esto pero, resulta que finalmente lo estoy haciendo. Es tarde, entonces, pues en mi cabeza no para ni paras de dar vueltas como agua que desaparece por un desagüe.
Y si me equivoco que me fulmine un rayo, pues sería lo justo después de tanta miel derramada por mis labios y susurrada en voz baja.
Tampoco sé si llegarás a leer estas palabras algún día. Posiblemente, esta era la carta que hubieras encontrado al terminar el segundo capítulo de ese libro que estas recordando segun lees estas palabras. No era dificil. Demasiadas pistas y pocas insinuaciones.
Recuerdo aquella calurosa noche de verano, tu y yo, juntos, sentados jugando a asomarnos a los ojos ajenos, en la que descubrí que eras transparente como el vidrio recién enmarcado. Pude leer ese brillo imperceptible para quien no quiere ver, pude oir el eco de nuestras intenciones surcando el aire, ideas transformadas en sentimientos que lanzábamos fuera de nuestro ser pero que nuestro miedo nos impedía darle un sonido, convertirlos en palabra.
Es el miedo.El miedo…me da miedo. Me da miedo tener miedo. No quiero tener miedo. El miedo se transforma en un horrible Cuchillo de doble hoja y bordes afilados con el cual ya me han matado varias veces. He muerto a manos de esa hoja sin saberlo, sin quererlo. Resucité, ya que los humanos tenemos esa increíble facultad y he vuelto a sacarlos del cajón de la cocina. Y encima de la mesa está, con su mango negro y su hierro brillante manchado de sangre, por desgracia. Cada vez que pienso en tí, ese Cuchillo gira en todas direcciones y sé que puede deslizarse y clavárseme en el pecho, en los ojos. En las manos.
El miedo transforma al rico en pobre, al pobre en inexistente. Al ratero lo convierte en rata y la enamorada acaba siendo la despedazada. Ese sentimiento, sensación, ese actuar convierte a la torre mas firme en un montón de ladrillos viejos apilados sin sentido en un rincón. Y yo no quiero tenerte miedo. No quiero tener miedo. Pero ese miedo solo puedes eliminarlo tú.
No ha pasado mucho tiempo desde que nos conocimos y aunque exista una tierna complicidad de sobra sabemos que no es suficiente. Se necesita mas para dejar de asomarse al balcón de los que esperan y sentarse en el salón de aquellos que no necesitan saber lo que hay fuera porque lo de dentro es envidiable. Ya te dije que el mundo está loco, que la mayoría corre sin saber a donde y gritan sin saber por qué. No son tiempos agradables para quienes buscan la sensatez por la calle. No existe la cordura en la ciudad sin estrellas.
Dijimos, a la luz de las velas: “Necesito tiempo” y no faltará. Aún no he cumplido los 31 y pienso vivir hasta los 80, o hasta que me aburra. Curiosamente, el tiempo podemos administrarlo a nuestro antojo siempre y cuando no nos domine a nosotros. Hay parte de tu tiempo que no puedes evitar gastar: tienes que trabajar, tienes que dormir, tienes que reír. Pero hay otra parte que si que está permitido que la disperses en tantos sitios y personas como conozcas, tienes ese tiempo en la mano igual que tendrías un puñado de arena. Depende de como lo mires, el tiempo se escapa o se transforma.
“Dame tiempo” te dije, pues hace tiempo me transformé en Invierno y mis ojos se volvieron de hielo, y mi corazón se hizo frágil y complicado. Esta armadura que ves no es infranqueable, pero tampoco invisible. Requiere que pierdas tu tiempo desmontando tornillos y remaches y me desnudes igual que cuando nos vimos reflejados en nuestras respectivas pupilas y solucionamos el mundo con unos besos, sintiendo que la ropa no era suficiente y nos sobraba.
¿Recuerdas como se tejen los sueños? Necesitas un hilo fuerte, una aguja fina y una paciencia de santón.El resultado, cuanto mas color tenga la vida mas lo tendrá el tapiz de nuestros deseos. Y siempre, si hay un roto, puede haber un cosido. Puede complicarse la urdimbre y la trama, pero el tejido seguirá siendo fuerte y resistente.
El Cuchillo se me clava de nuevo al pensar que solo estamos tejiendo la parte bonita del tapiz y que una vez perdida la ilusión y terminados los remates de los bordes, el tapiz te parecerá soso y aburrido y empezarás uno nuevo con distintos colores y un diseño diferente. El truco está donde te dije: inicialo con ilusión, continualo con perseverancia, termínalo con esfuerzo y contémplalo con orgullo. Procuralo limpio con verdades y sacúdelo de vez en cuando con la vara mas rígida que tengas, de esas que al golpear eliminan las trazas oscuras de los celos pero no hacen saltar ni un solo hilo del tapiz.
Sobre todo, mantelo limpio. Las mentiras son la mancha mas horribles y difíciles de quitar de ese hermoso tapiz que podemos ser tu y yo. No tienen solución. Aunque tu no las veas, siempre diferenciaré y seré capaz de ver los puntos donde han salpicado las falacias y los engaños. No dejes que se ensucie.
¿Recuerdas, cuando nos reíamos al sentir “eso” correteando por nuestra piel, esa energía que nos dejaba paralizados y que al mismo tiempo, nos hacía sentirnos vivos y con ganas de volver a vernos?
Nunca he pensado que esa isla donde estás estuviera tan lejos.
Lisboa, 10 de Julio de 1984″